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Leopoldina Valdemoro. Artista plástica multidisciplinar

Leopoldina Valdemoro es artista plástica multidisciplinar, pintora, escultora y diseñadora de joyas y vestuario, con una trayectoria de más de 20 años. Ha participado en múltiples exposiciones, tanto  individuales  como colectivas, y con obra expuesta  en el Museo Nacional Joan Cabré de Aragón, Museo de Arte Contemporáneo del Obispo de Velosillo en Segovia y Museo de Escultura en Génova, entre otros.

 

Leopoldina, cuéntanos un poco tus principios. ¿Cuándo decides que quieres dedicarte al arte? ¿Cómo son los comienzos una vez que finalizas tus estudios?

     Estudié Diseño de Moda, y gracias a esto comencé a trabajar en una compañía de teatro encargada de vestuario mientras compaginaba mi trabajo con mis estudios en la Facultad de Bellas Artes, con lo cual cuando me licencié yo ya estaba inmersa en el mercado laboral. No me planteé en aquellos momentos centrarme en el arte como profesión, pensaba que mi nueva formación artística me podía permitir aplicar estos  conocimientos a mi trabajo como diseñadora de vestuario teatral. Me encontraba en un buen momento personal y profesional, y mi trabajo como artista no era prioritario, no tenía la necesidad de expresarme a través del arte.

   Posteriormente fui compaginando todo lo relacionado con el mundo textil y el vestuario de teatro con la docencia, impartiendo clases de pintura. Finalmente ocupó más espacio la docencia y fui alejándome del mundo del diseño de vestuario teatral.

   Fue con 38 años cuando empecé a sentir que quería expresarme y contar mi sentir a través del arte. Me di cuenta de cómo las circunstancias de mi vida, y el haberme dejado llevar siempre por ellas me había alejado del arte. Fue entonces cuando sentí que era el momento de tomar decisiones y no dejarme llevar. Decidí que tenía algo que contar. Ahí me topé con mi primer límite: como mujer siempre había sentido que lo que yo podía contar no era importante.

 

 

¿Es difícil abrirse camino en esta profesión? ¿Consideras que es más difícil siendo mujer?

   Supongo que es difícil como en todas las profesiones. Yo eché en falta haber tenido una formación en la universidad que me orientase en el conocimiento del mercado del arte. También observé, que cuando decidí  dedicarme a este, la configuración social había cambiado, las nuevas tecnologías habían irrumpido en la cotidianeidad de todos y yo desconocía su manejo. Todo esto me dificultaba desarrollar mi trabajo como artista, pero se podía resolver fácilmente, formándome y adquiriendo conocimientos nuevos.

   Lo que yo viví como más complicado para abrirme camino en mi profesión fue sentir y tomar conciencia de que había una fuerza invisible que me retenía, y que tenía que ver con mi condición de mujer, con un patriarca interior que me mantenía atrapada.

   Por otro lado me acercaba a los cuarenta y empezó a pulular por mi mente la idea de la maternidad, era algo que siempre había ido postergando, y era el momento de tomar una resolución.

   La decisión de dedicarme al arte y la maternidad, que surgieron a la par, chocaron abruptamente, entrando en una confrontación que me llevó a tener problemas de salud, que, evidentemente, tenían que ver con mi aparato reproductor.

   Tras años en una búsqueda sin fin por solucionar mis problemas de salud, sin darme respuestas ni la medicina convencional ni la holística, empecé a sentir que eran los problemas psicológicos y emocionales los que habían repercutido en lo biológico.  Todo ello me llevó a descubrir que mi identidad adquirida como mujer me obligaba a ser lo que no era y a prohibirme  ser quien auténticamente soy.

   Esto me condujo al estudio de mi transgeneracional y el inconsciente colectivo patriarcal para resolver mi dolor existencial.

escultura

Viendo tu obra, la mujer es protagonista. Háblanos un poco  de ella.

     Todo mi trabajo artístico y espiritual ha sido desactivar a mi patriarca interior, y he utilizado el arte como herramienta. El lenguaje artístico ha sido un proceso terapéutico que buscaba mi sanación a nivel biológico, psicológico y social. Este camino me ha servido para expresar y resolver mis conflictos emocionales. En realidad mi trabajo interno y artístico ha estado centrado en permitirme ser, dejando atrás la identidad adquirida como mujer, y mostrarme como quien soy sin miedo a ser juzgada o castigada.

      El trabajo ha sido una búsqueda de libertad interna,  de encontrar una coherencia con mi ser, armonizar mi energía masculina y femenina, integrarlas y permitirlas dar luz, sin miedos y sin límites.

    Sentía que vivía un momento social en el que se me daba permiso para entrar en lo público sin que mi condición de mujer fuera un obstáculo, pero mi inconsciente familiar femenino, con cargas transgeneracionales de sumisión, de invisibilidad, de abnegación, la prohibición de salir a lo público para ganar dinero, etc., me impedían acceder a ese ámbito. Todo mi trabajo ha consistido en bucear en los arquetipos patriarcales que me tenían atrapada, que se remontan a la creencia primigenia del pecado original y que nos hace culpables por el solo hecho de ser mujer, y responsables del bienestar o malestar de todos los que nos rodean, abandonándonos nosotras mismas a un segundo plano, o tercero o cuarto, siempre planeando sobre nuestras cabezas la culpa y la vergüenza.  

      En esa línea de trabajo y de búsqueda, mi primer proyecto se llamó "Personajes ilustres de Vélez Málaga", ya que mi familia viene de aquí. Es la ciudad de origen de mi linaje materno. Fue un proceso terapéutico para sanar emociones y herencias ancestrales, de manera que el hacer de cada día se convertía en una práctica chamánica, donde las cartas que escribía a cada familiar, tras un ritual, se trasformaban en el soporte de cada retrato, convirtiéndose el trabajo en una práctica artística reparadora, que me ha permitido conocer mi verdadera identidad y evocar la memoria familiar que moraba en mi sombra.

    El proceso creativo se convirtió en alquimia simbólica, un trabajo de transformación, donde espiritualizaba la materia, al mismo tiempo que materializaba el espíritu. Depuré lo que ya no servía, para de este modo integrar la sombra y espiritualizar el ser. A modo del viaje del héroe, este trabajo fue un viaje iniciático  que buscaba la individualización, el reencuentro con el auténtico ser.

    Mi trabajo se ha centrado en la búsqueda y conocimiento de los arquetipos femeninos que de generación en generación han llegado hasta mí conformando mi identidad, y de este modo trascender los mitos limitantes y abrazar los que empoderan, todos ellos presentes en las mujeres de mi familia. La utilización de los tejidos es un homenaje a las labores que durante años ellas hicieron dentro de los límites del hogar. Aplicar esos conocimientos me ha servido para poner en valor y dar visibilidad a lo que de ellas aprendí,  dando otra interpretación y utilizando otro contexto, lo público en lugar de lo privado.

   La información que recibí de mis ancestros, en concreto de mi linaje materno, y lo que significa ser mujer, me ha servido para entenderla, transcenderla, liberarlos a ellos, liberarme y vivir mi identidad como mujer desde otro paradigma. Y así liberar a los descendientes de creencias que los puedan limitar.

 

   Este proyecto me ha permitido gestionar emociones, y a través de la práctica artística, conocerme, entender, aceptar y amar lo que fueron mis ancestros. Mi arte es fundamentalmente un acto de amor, es mi forma de honrar a la familia.

    No ha sido una lucha contra lo masculino, ha sido contra mi patriarca interior. He luchado por sentirme bien como mujer y armonizar lo bueno femenino que hay en mi con lo bueno masculino que también existe, pero todo oculto, inconexo, castrado, prohibido y minimizado.

 

abuela

Viendo tu obra, la mujer es protagonista. Háblanos un poco  de ella.

     Todo mi trabajo artístico y espiritual ha sido desactivar a mi patriarca interior, y he utilizado el arte como herramienta. El lenguaje artístico ha sido un proceso terapéutico que buscaba mi sanación a nivel biológico, psicológico y social. Este camino me ha servido para expresar y resolver mis conflictos emocionales. En realidad mi trabajo interno y artístico ha estado centrado en permitirme ser, dejando atrás la identidad adquirida como mujer, y mostrarme como quien soy sin miedo a ser juzgada o castigada.

      El trabajo ha sido una búsqueda de libertad interna,  de encontrar una coherencia con mi ser, armonizar mi energía masculina y femenina, integrarlas y permitirlas dar luz, sin miedos y sin límites.

    Sentía que vivía un momento social en el que se me daba permiso para entrar en lo público sin que mi condición de mujer fuera un obstáculo, pero mi inconsciente familiar femenino, con cargas transgeneracionales de sumisión, de invisibilidad, de abnegación, la prohibición de salir a lo público para ganar dinero, etc., me impedían acceder a ese ámbito. Todo mi trabajo ha consistido en bucear en los arquetipos patriarcales que me tenían atrapada, que se remontan a la creencia primigenia del pecado original y que nos hace culpables por el solo hecho de ser mujer, y responsables del bienestar o malestar de todos los que nos rodean, abandonándonos nosotras mismas a un segundo plano, o tercero o cuarto, siempre planeando sobre nuestras cabezas la culpa y la vergüenza.  

      En esa línea de trabajo y de búsqueda, mi primer proyecto se llamó "Personajes ilustres de Vélez Málaga", ya que mi familia viene de aquí. Es la ciudad de origen de mi linaje materno. Fue un proceso terapéutico para sanar emociones y herencias ancestrales, de manera que el hacer de cada día se convertía en una práctica chamánica, donde las cartas que escribía a cada familiar, tras un ritual, se trasformaban en el soporte de cada retrato, convirtiéndose el trabajo en una práctica artística reparadora, que me ha permitido conocer mi verdadera identidad y evocar la memoria familiar que moraba en mi sombra.

    El proceso creativo se convirtió en alquimia simbólica, un trabajo de transformación, donde espiritualizaba la materia, al mismo tiempo que materializaba el espíritu. Depuré lo que ya no servía, para de este modo integrar la sombra y espiritualizar el ser. A modo del viaje del héroe, este trabajo fue un viaje iniciático  que buscaba la individualización, el reencuentro con el auténtico ser.

    Mi trabajo se ha centrado en la búsqueda y conocimiento de los arquetipos femeninos que de generación en generación han llegado hasta mí conformando mi identidad, y de este modo trascender los mitos limitantes y abrazar los que empoderan, todos ellos presentes en las mujeres de mi familia. La utilización de los tejidos es un homenaje a las labores que durante años ellas hicieron dentro de los límites del hogar. Aplicar esos conocimientos me ha servido para poner en valor y dar visibilidad a lo que de ellas aprendí,  dando otra interpretación y utilizando otro contexto, lo público en lugar de lo privado.

   La información que recibí de mis ancestros, en concreto de mi linaje materno, y lo que significa ser mujer, me ha servido para entenderla, transcenderla, liberarlos a ellos, liberarme y vivir mi identidad como mujer desde otro paradigma. Y así liberar a los descendientes de creencias que los puedan limitar.

 

   Este proyecto me ha permitido gestionar emociones, y a través de la práctica artística, conocerme, entender, aceptar y amar lo que fueron mis ancestros. Mi arte es fundamentalmente un acto de amor, es mi forma de honrar a la familia.

    No ha sido una lucha contra lo masculino, ha sido contra mi patriarca interior. He luchado por sentirme bien como mujer y armonizar lo bueno femenino que hay en mi con lo bueno masculino que también existe, pero todo oculto, inconexo, castrado, prohibido y minimizado.

 

Ofreces  también “Convierto tu historia en arte”. Cuéntanos un poco. ¿Qué te piden?

   "Convierte tu historia en arte" es un servicio que ofrezco para transformar una  memoria, un recuerdo o un objeto en una obra de arte. Esta idea surgió cuando realicé el retrato de mi sobrina con todos los dibujos que tenía de ella desde que era pequeña acumulados en mi taller. Me resultaba muy doloroso desprenderme de ellos y tirarlos a la basura, así que se me ocurrió que juntas íbamos a preparar con sus dibujos una pasta de papel para luego realizar su retrato con ella. Era la manera de hacer espacio en la casa pero transformarlo en una escultura. Era la forma que tenía de que la energía de esos dibujos y la emoción que me producían no fuesen a la basura. El objetivo era materializar el espíritu y espiritualizar la materia.

   Los encargos que me hacen son siempre diferentes. Son historias  y memorias personales que se quieren atrapar en una obra de arte. El primer encargo me lo hizo un chico que trabajaba en la taquilla del Castillo de Valderrobres. Sus antecesores también trabajaron allí, y me encargó hacer un cuadro del castillo para regalárselo a su pareja con todas las entradas que él había conservado. He hecho retratos con poemas, con libros de cine... En fin, cada persona quiere conservar diferentes memorias en una obra de arte. Por otro lado, también he recibido encargos para transformar emociones, convertir facturas, o recibos de hipotecas, en imágenes que resultan liberadoras. Fotos y cartas de un ex pueden transformarse en una imagen que represente el comienzo de una nueva vida, sin olvidar que lo que dejas atrás también fuiste tú. Actualmente estoy realizando el retrato de una mujer con las cartas que sus hijos le han escrito.

  

¿Veremos otra exposición tuya próximamente?

   Este año tengo programadas varias exposiciones. Actualmente mi obra está expuesta en una galería en Málaga que se llama El Retorno de Lilith. Luego viajará a Alemania. Y también estoy arreglando mi casa-taller en Vélez Málaga para poder mostrar mi obra.